Reflejo en el espejo

El espejo te devuelve el reflejo de lo que has vuelto a ser. Tu mirada verde vuelve a devolverte serenidad, determinación y ganas de comerte el mundo. Puede que no seas perfecta, que hayas tenido que caer desde muy alto para poder remontar de nuevo el vuelo y llegar hasta las estrellas. Es hora de que pienses en ti misma.

Ya has estado en guerra contigo misma demasiado tiempo y ciertamente, no lo mereces. Ya lanzaste muchas granadas de mano en vano.

Esta mañana ha sonado el despertador como todos los lunes amargos pero, esa sensación de plomo en el estómago no te ha sorprendido como de costumbre. Los lunes son maravillosos, de vez en cuando.

No hay ni escarcha ni hielo en la ventana de tu felicidad; parece que los nubarrones de tormenta de la noche anterior se disolvieron totalmente. El agua habló, por fin. Limpió tus ojos cansados de llorar, tu mente disoluta y difícil, tu corazón roto de dudas y amargura, tus manos de tinta negra de negatividad.

Puedes. Puedes y debes salir corriendo hacia la vida, hacia la luz del sol, hacia el calor de un abrazo y, por qué no, hacia el frío del invierno, necesario de vez en cuando para templar nuestros corazones.

No te dabas cuenta, pero eras tú misma la que te ponías barreras, maldito muro de Berlín que hacías crecer por las noches para despertar segura en tu burbuja de falsa seguridad. Aislamiento.

Todos los muros se derrumban; la piedra, aunque dura en apariencia, es frágil en su alma. Te vuelves a reencontrar con el otro lado del muro y piensas que no podías ser nada sin esa otra mitad.

¿De verdad creías que la racionalidad completa te salvaría de la caída? ¿Pensabas que no volverías a ser capaz de sentir?

Pues sientes… Sientes cada brizna de aire fresco de otoño húmedo, sientes cada mirada cómplice de aquellos que siempre tuviste a tu lado, sientes cada hoja que se termina de caer muerta en el suelo, cada rama solitaria que se estremece a tu paso.

A veces, no debes apartarte de la bala que sigue una peligrosa trayectoria hasta ti.

Entonces ocurre, impacta y duele; atraviesa cada uno de los tejidos superficiales de tu esencia, se abre paso hasta el centro de tu ser, te hiere en lo más profundo y sale solitaria de tu alma, dejándote la herida más difícil de cerrar.

Estás herida de muerte, pero ahora quieres vivir.

Te has mirado en el espejo. Ves aún esa sombra en el fondo de tus ojos, pero sabes que no volverás a caer tan fácilmente.

No cortemos la rosa

Del jardín olvidado,

Su roja savia de sangre

Otrora congelada, renace.

No cierres los ojos,

Ni callen tus labios

De mil guerras ganadas,

De heridas de bala.

No niegues la tormenta

Del fragor de la batalla,

Cruenta y necesaria, vicio

Del ser humano primario.

No seas hombre muerto,

Soldado en las trincheras,

Granada de mano en vano,

Amanecer de la pólvora.

Haz la guerra en tu palabra,

Cubre de tinta tu mano.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s