Bienvenido a la Decepción

Hay quien habla de la dicha que te llena al ser diferente, del amparo de todas las facciones bajo un mismo paraguas de tolerancia, de dar tu mano al que no es igual a ti, del respeto hacia esos pensamientos radicalmente opuestos a los que tu mente guarda.

Sin embargo, en el país de la Realidad, cuando salimos del barrio de los Supuestos y la calle de la Utopía, la verdad se percibe diferente.

Empieza la caza de brujas cuando te sales de la línea, cuando cruzas los estándares de normalidad, cuando sorprendes en tu diferencia.

Y es que yo no quiero ser normal.

No quiero ser normal si ello implica asentir a todo sin cuestionármelo, seguir al rebaño agachando las orejas mientras sé de la existencia del lobo que espera sigiloso para atacar, volviendo mi mirada vidriosa de pasividad y creyendo en la fragilidad de mi alma.

No soy igual a nadie, soy diferente. No todos somos iguales, eso es una de las mayores mentiras de la humanidad.

Ni todos tenemos los mismos derechos en la práctica, ni las mismas oportunidades. Por supuesto, no hablemos ya siquiera de los Derechos Humanos.

Aquellos que nos hablan de preservar nuestras libertades y mejorar nuestras diferencias, mienten. Es un hecho que vivimos en un mundo creado por y para el caos, cuyo máximo exponente es el ser humano corrompido y degradado.

Y mientras tanto, somos felices en nuestra ignorancia, llenando nuestra retina de televisión que consume nuestro cerebro, leyendo la parcialidad de los medios de comunicación que calla críticas y cambia voluntades.

Y lo creemos todo. Y no nos cuestionamos nada.

Al diferente, al que se salió de la norma aparentemente no impuesta, la realidad le azota con fuerza, le llena el alma del veneno de la verdad.

Y entonces llega la decepción ante la desidia contemplada en el rebaño manso, aparecen los síntomas de la locura ante la determinación de nuestras acciones, muriendo el sueño y quemando la ilusión.

Bienvenido a la Decepción, eres diferente. No esperes miradas de comprensión, ni palabras de aliento.

Sin embargo, el pasado es historia, el presente es un hecho y el futuro nos pertenece.

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Hoy es el día

Hoy es el día en el que mirarás tus manos y te darás cuenta de toda la memoria que ocultan. La tinta que has derramado sobre cuadernos plasmando tus sueños, tus enfados, tus más profundos miedos, tus más grandes victorias.

Hoy es el día en el que no tendrás miedos, ni temores a lo que está por venir. No darás por ganadores a aquellos que intentaron cortarte las alas. Seguirás diciendo todo aquello que piensas, molestando a esas mentes cerradas que no ven más allá de sus narices.

Hoy es el día en el que no hay día. Has decidido observar el firmamento, leer las estrellas con sus mitos y leyendas, llegar hasta la dimensión en que no hay tiempo; simplemente, elevarte.

El viento te mece en su seno de libertad, despeinando tus cabellos, haciéndote tempestad.

Y es que eso es justo lo que quiero ser: tempestad. Quiero arañar las verdades, arrancar los prejuicios, alcanzar la libertad, abrir los ojos de aquellos que estaban ciegos, reconstruir aquello que un día fuimos, perseguir la verdadera realidad y abandonar la distorsión de esos paisajes que creamos en nuestras mentes asustadas y frágiles.

Dicen que después de la tempestad llega la calma. Yo no deseo la paz para que después olvidemos, nos mantengamos impasibles y quedemos agarrados a una tabla de madera, como un náufrago desesperado.

La desesperación, para los débiles, para los que despertaron demasiado tarde porque era más cómodo, para los conformistas, para los cobardes que viven temerosos del cambio del viento.

Esto va por los soñadores, por los que decidieron no deshojar margaritas y dejar su destino al azar.

Pintad el cielo del color del atardecer, naranja y rojo, porque tras el atardecer y el crepúsculo, las estrellas vuelven a brillar y, con ellas, nuestros deseos y sueños. Desplegad las velas del barco de la victoria, cargad los cañones y disparad a las ideas que nos alienan.

Apunten… ¡Fuego!

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A mí no me manipulan

“Je ne suis pas manipulable”, a mí no me manipulan. Busco la verdad aunque ésta se esconda, la encuentro cuando hay quien pretende ocultarla, la pienso y la sueño estableciendo hipótesis cuando han borrado sus huellas.

La manipulación, sin embargo, vive entre nosotros. Se halla en las pequeñas mentiras de nuestro día a día al disfrazar de luz y color las verdades más terribles, los gestos más sencillos y las miradas aparentemente más puras y transparentes.

En resumen, vivimos en una doble realidad que nos hemos construido para poder vivir tranquilos y en paz cuando no hay ni lo uno, ni lo otro. Nos hemos convertido en cómplices de lo ajeno, en amantes de la mentira y la desinformación, en esclavos al servicio de la ceguera que nos impide observar la tormenta desde lo alto, como si no nos alcanzase, como si pudiéramos huir de ella.

Somos náufragos en un universo en el que perdimos el rumbo porque éste estaba escrito en el aire. Ni patrones, ni barcos. Los patrones huyeron y se pasaron al enemigo; los barcos, saltaron por los aires cuando llegó el fuego del adversario y, otros, fueron abandonados a su suerte terminando su travesía contra las rocas afiladas del acantilado.

Y así, ardemos en las llamas por nuestra torpeza, nuestra pérdida de memoria, nuestro abandono del camino que nos llevaba a puerto. Y así, nos bebemos nuestro futuro incierto hasta la última gota sin luchar, sin intentar saber algo más, sin desenmascarar las caras de los que nos engañan a diario.

Lean y busquen y, lean. La llave de la verdadera realidad está ante ustedes. No se queden con lo primero que observan, tan sólo es un espejismo en un desierto, en una espiral de pérdida de cordura.

No se sorprendan con lo que encuentren, dejen que la verdad les llene y les haga fuertes.

A mí no me manipulan y, a ustedes, tampoco.

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Balas de tinta

Y creíamos en la libertad, pensábamos que no había a nuestro alrededor algo parecido a una cárcel. Estábamos encerrados en una burbuja de cristal fácil de romper que no nos protegería siempre. Y así sucedió.

De repente, todo saltó por los aires de forma inexplicable para algunos. Sin embargo, la razón de aquellos que no tenían los ojos cerrados o miraban hacia otro lado, les llevaba a admitir que el germen que había sido gestado fuera de la vieja Europa acabaría surcando el vasto territorio, traspasando fronteras, llenando nuestro universo conocido de violencia, caos y desesperanza.

Podríamos apagar la luz de la verdad y continuar como hasta ahora: débiles, inseguros, retraídos, divididos.

Nos han silenciado fomentando la dictadura del miedo, nos han vejado extendiendo el virus de la autocensura que nos cose los labios y nos ata las manos quemando nuestra pluma junto a nuestras palabras.

Pero cuando los disparos ensordecieron las calles de la capital francesa, ciudad de la luz, Europa se ensombreció.

Muertos por ser guerreros de tinta, por combatir con sus palabras y sus ilustraciones, por expresar con voz firme lo que muchos pensaban y no se atrevían siquiera a mencionar. ¿Qué hizo más daño, las balas o la pluma?

Puede que las balas hagan algo tan radical como sesgar vidas, pero mientras haya tinta y mentes fuertes en nuestro mundo de catástrofe, los enemigos de la libertad no podrán cambiarnos, enmudecernos, anular nuestras voluntades y extenderse rápidamente.

Sin embargo, el miedo es su mayor aliado y, nuestra falta de unidad, su más preciada arma.

Europa despierta

Del letargo invernal,

Balas de plomo

Sesgaron la paz;

Balas de tinta

Defendieron la libertad.

Europa despierta,

Unidad de acero,

Fuego en el cielo,

Guerra en el corazón.

El último ciudadano

Y lloró fuego el cielo,

Tembló la tierra,

La plaza vacía,

La espada sin dueño.

El último ciudadano había muerto. Luchador, valiente, leal, entregado a la causa, fiel a sus ideales y obligaciones, amante de su patria y bandera.

Su cuerpo era memoria. Por sus pies, pasó el polvo de la arena de las “polis” griegas. Por sus manos, el frío acero de la espada que defendió la independencia de su nación de manos francesas. Por su corazón, la derrota en el Desastre del 98. Por su alma, el enfrentamiento con sus propios hermanos durante la Guerra Civil.

Sin embargo, había sentido lástima en los últimos tiempos al observar la desidia en sus supuestos semejantes. En sus miradas, sólo vacío. Habían perdido la memoria, andaban narcotizados por un mundo que al ciudadano se le antojaba difícil y cambiante, pero también habían perdido la chispa de ese fuego de la determinación que hacía mover montañas cuando todos se unían. La unidad… Esa palabra ya no existía en el diccionario.

Toda historia tiene su antagonista y aquí no podía ser diferente. El engaño, la corrupción, la mansedumbre, la cobardía, la alienación, la traición,… Los ciudadanos eran seres embrutecidos, individualistas, cómodos en un orden injusto al que no derrocaban por pereza o ignorancia.

Los ciudadanos habían perdido su condición de serlo. Sus bocas cerradas, sus ojos perdidos en el vacío, sus manos atadas. Eran masa, rebaño.

Todavía recuerdo los últimos días del ciudadano. La tristeza le había consumido, se sentía solo.

¿Dónde quedó el tiempo en el que se luchaba por las libertades, por los derechos? ¿Dónde quedó el recuerdo para aquellos que lo dieron todo por el bien común?

El ciudadano había muerto y, con él, llegaba el principio del fin.

El comienzo

Pasar la página del calendario,

Caduca y vieja, comienzo

De una nueva aventura;

Libro en blanco esperando

A que la pluma escriba, libre

Como alondra en la mañana.

Quemar la vileza del ayer,

Reírnos a carcajadas,

Perder trenes, equivocarnos

De vagón y de mirada,

Café frío en la madrugada

Sin hostilidades, por favor.

Abrazar la verdad y la vida

Como un náufrago a su tabla,

Despertar tras la larga tormenta

En un sinfín de dudas;

Creer que lo imposible no existe,

Que lo improbable puede suceder.

Navegar por las constelaciones

De la humanidad inhumana,

Beber de la valentía y el coraje,

Luchar por descifrar la realidad,

Encontrar una botella de cristal

En un mar de alienación.

Comenzar, respirar, volar,

Amar, cantar, suspirar;

Jamás abandonar.