Pastilla roja

¿Qué pasaría si a alguno de ustedes le hicieran escoger entre la verdadera realidad y la dichosa ilusión? ¿Confiarían sus esperanzas y sus sueños a algo o a alguien, pese a no saber si se encuentran en una especie de bucle entre la realidad y la ficción?

Caminamos inquietos entre cientos de recortes de periódicos mojados y palabras robadas por nuestra mente del todopoderoso Internet, llenando ese vacío infernal que nuestras emociones contenidas y maltrechas ya no pueden llenar. La información desborda esos ríos de conexiones neuronales que, a pesar del intento de ceñirse a los hechos, encuentra miles de verdades posibles. Así se abandona el pensamiento crítico, caemos en los típicos tópicos, en las rutinas de los juicios de valor cuestionables, prisioneros de un exceso en el caos que se nos antoja imposible, inhumano, irreal.

Tecleen en sus ordenadores cualquier medio de comunicación, cualquier noticia, cualquier alusión a la historia que pretenden comprender. No encontrarán nada o, mejor dicho, lo encontrarán todo. Descubrirán múltiples versiones de lo hechos, de su vida, de su día a día distorsionado por el prisma de la manipulación de la que todos somos partícipes, observadores sin voz, cómplices del abandono de la única verdad que otrora Sócrates defendiese con su vida ante la cicuta.

Lamentablemente, nuestro mundo es una película de ciencia ficción. Sin embargo, las pastillas roja y azul de Matrix, no.

La verdad se antoja inalcanzable para el que la busca. Llega el principio de una odisea, el hartazgo que supone ir contracorriente, la leve pérdida de la dirección, la desorientación y, finalmente, el cruce de caminos, la elección.

La elección que supone seguir buscando o abandonar. Vivir en el mundo real o, al menos, lo más real posible fabricado de hechos o, por el contrario, sumirse en la ilusión de la pastilla azul por olvidar, por ser manipulado, por dejar de cuestionar y aceptar una realidad virtual.

Cada día, ejemplos y ejemplos de aquello que nos ciega y nos engaña. Noticias incompletas, guerras disfrazadas, palabras confusas y escogidas al milímetro, historias con una sola versión, fotografías manipuladas, políticos corruptos, independentismos absurdos que incitan al odio,…

Definitivamente, la lista es interminable como esas verdades a medias que son, aunque duela reconocerlo, mentiras.

Rechazar los hechos es mirar hacia otro lado, en dirección al que nos manipula.

Y ahora, ¿qué verdad escogerían? No lo piensen demasiado, pues sólo hay una. Sin embargo, todavía creen ser libres para conocerla o dejarla pasar.

mentira