Zarpar

Perdona, será solo un momento. Las excusas, los enfados, las discusiones y los desdénes son elementos del pasado que no sirven, no se coleccionan y finalmente, no forman parte de los recuerdos, de la memoria que busca perseguir esa impronta hasta fundirse con un nuevo amanecer.

A veces, persigo el significado de cada instante para lograr entender quién soy. Entonces me respondo cuando llego a la conclusión de que somos el resultado de los sueños, de las almas que se funden y de la leyenda más antigua sobre la faz de este vasto planeta que es la vida.

La vida es un cúmulo de circunstancias, la sinrazón más fundamentada y la imaginación más desatada. El ciclo que se funde con el agua, que sobrevuela las montañas tan peligrosas como elevadas y que regresa a la tierra, al barro de nuestra esencia. Somos movimiento, pero nos establecemos en la eternidad. Somos caos tan ordenado como inabarcable.

Querido yo, querido tú, vosotros, ellos. Posiblemente, somos seres diminutos en una tierra superpoblada, diferente a la de nuestros ancestros, pero igualmente querida o añorada. Como diría Charles Dickens: “hay grandes hombres que hacen a todos los demás sentirse pequeños. Pero la verdadera grandeza consiste en hacer que todos se sientan grandes”. Así, rodeados de gente extraordinaria, crecemos. Así, los días de sol son más brillantes si cabe. Hombres y mujeres extraordinarios para alimentar el futuro de las siguientes generaciones; los últimos, los irrepetibles, los insustituibles.

Mirad al cielo y observad la inmensidad del firmamento. Hay amaneceres que presagian la pérdida con sus rayos distantes, hay atardeceres con un color especial, hay noches que en el cielo hay una estrella más. Una mota solitaria en la inmensa oscuridad cósmica que marca el norte de cada alma que recuerda y vive, un delicado punto azul que mece las noches de tormenta y diluye los tormentos del dolor, un personaje invisible desde las alturas que sigue formando parte de la historia sin ser visto nunca más.

La paz. La de zarpar con vientos favorables y la calma en las aguas cristalinas, mientras el barco no deja de avanzar hacia esa línea del confín del que no se puede regresar. Sonríe y sus ojos se iluminan con los bosques que le vieron crecer. Entonces, el mundo, simplemente, sigue girando mientras ese navío abandona el horizonte lentamente.

Zarpar. In memoriam.

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Ciudad de sal

Día uno tras la vorágine de los viajes fugaces sin equipaje, tras la estela de los rincones sin dueño y la almohada vacía cargada de sueños. Los fantasmas de las noches de verano, recuerdan la noche más corta en la arena de la playa, mientras sus invisibles improntas se alejan hasta fundirse con el bullicio, los idiomas extranjeros, los pasos vitales de los caminantes que se antojan perdidos, las calles y callejuelas cortadas por la lógica pero aderezadas con la originalidad de la piedra que ríe y la sal que clama. Barcelona aparece tras la ventana, como una nueva Ciudad Esmeralda.

Retoman sus vidas distantes los viajeros sin prisa por los andenes. Vuelven a aproximarse a la silueta de la ciudad con el objetivo de sus cámaras fotográficas captando cada movimiento de la brisa que rara vez corre en el verano ardiente, mientras la humedad les acompaña en cada gota de transpiración; será inspiración.

Será inspiración la de las estatuas vivientes apostadas en La Rambla. El Sombrerero Loco se acerca a la mujer antigua de hojalata y cobre a contemplar desde su perpleja petrificación la comprensión de unos ojos que buscan monedas para volver a la vida. Los transeúntes, locos y altivos, parecen funcionar por los mecanismos de un reloj suizo, siempre a punto para llegar al té de las cuatro que parece tan lejano como la vieja Inglaterra. Los extranjeros toman la ciudad y las lenguas se confunden entre el pescado fresco, las especias y la fruta del Mercado de la Boquería.

Las piedras ríen por boca de gárgola en los tejados, tal vez en las cornisas, cerca de la aguja imponente de la catedral. Los arcos góticos reclaman historias de amantes pasajeros, distantes en sus quehaceres del día pero anhelantes de noches de luna llena. Se pierden los pasos, se afinan los acordes de melodías que presienten una nueva historia que contar. Los cuentos tienen de protagonista al dragón y a San Jorge; las rosas vuelven a florecer entre la sangre de los jardines consumidos.

Las fuentes huelen a mitología clásica y el agua quiere resucitar a la Venus desnuda en su concha, a los sátiros petrificados con sus flautas de pan, a los caballos alados guardianes del tiempo. No hay gloria en el cielo cuando la ciudad de sal busca asesinos a sueldo para vengar el infierno de Dante tras las rosa de abril. Toman la ciudad los piratas, los dioses del Olimpo, la perdición de las banderas sin patria y el fuego de San Juan.

Entonces, la pluma olvidada escribe presurosa entre las paradas de autobús atestadas de gente para buscar historias corrientes, mientras lo extraordinario se experimenta a través del sentido de la vista con la inspiración que regresa para florecer. Barcelona, marítima pero tan terrenal… La pasión se respira de la imaginación desbordante de las farolas de hierro, mientras que Colón hace de guía situando en el cielo azul el atardecer más espectacular que se funde con el mar.

La ciudad de sal, con sus luces y sombras, quiere reír. Entre bosques de hadas y jardines de azahar quiere ser fuente de las aguas de Leteo, las de olvido, para conquistar almas y no dejarlas escapar jamás.

“¡Construir! ¡Construir belleza! Buscar en la naturaleza la imagen del misterio y convertirla en arquitectura. Forjar la forma de la idea: ésta fue mi obra alquímica. Mi sueño: una Barcelona mediterránea, bella, grande,… Ser canal para que la Belleza sea el resplandor de la verdad, descubrir en las leyes del Universo todos sus secretos” Antonio Gaudí.

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Día cero

Imagina que éste fuera el primer día del resto de tu vida. ¿Qué harías? ¿Repetirías de nuevo cada una de esas decisiones que condicionaron tu tiempo y tus pensamientos? Imagina que el instante se acelera y que el destino descubre esas cartas que tenía reservadas para ti. ¿Te gustaría saber las balas que te tiene guardadas la vida? ¿Serías feliz sabiendo el fin último?

Todos estos interrogantes cayeron en mis manos como cae la tormenta en el verano, con sus relámpagos y su electricidad. Posiblemente, llegar a la última página de un libro signifique experimentar una sensación similar.

Si todos los caminos conducen a Roma, ¿por qué la dirección no viene marcada? ¿Somos acaso elementos de lo ajeno bailando como gotas de agua bajo el latido del jazz de la ciudad?

En fin, lo desconozco, no hay lugar para la certidumbre o el control de cada minuto de nuestro insignificante tiempo. Así, las acuarelas perviven en el cuadro que es contemplado por mil almas pendientes de una explicación. Así, las fotografías inmortalizan el momento en la sonrisa, los ojos brillantes de emoción o los funambulistas del existir que se debaten entre arriesgar ante el vacío o proseguir con su cotidianidad en el té con sus conversaciones de salón.

Ay el viento, el olvido, el tiempo, el recuerdo o la posible decepción. Buscamos amigos y amantes por catálogo, que obedezcan a la construcción de una nueva realidad distorsionada y aumentada por la lupa del engaño. Aprendemos de los libros que han sido escritos en la mentira reiterada cientos de veces hasta que se ha convertido en verdad. Voceamos hasta no tener voz, con la peculiaridad de que jamás hemos abierto la boca.

Los pájaros observan posados en los cables de alta tensión. Parece que esperan una señal, o acaso cuentan los atardeceres para marchar hacia un destino más cálido. Dicen que el ser humano es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra, ¿acaso olvidamos el sabor del dolor? ¿Disfrutamos y nos regocijamos en la adversidad o simplemente, somos estúpidos?

Las preguntas lanzadas al vacío son aún más atrevidas que los instantes robados al reloj en los días raros. Ni siquiera Copenhague se libra del vendaval.

En este día cero, los aviones se estrellan o no despegan, nacen y mueren miles de personas, emigran almas y se tuercen voluntades. Entonces, los números primos huyen de la aritmética y buscan explicación en un universo más poético, los cuerpos revelan una interesante propiedad termodinámica y los planos de ese proyecto no son sino el primer paso en la búsqueda del tesoro.

En este día cero huí de las contemplaciones, de la toxicidad de las sustancias estupefacientes como la envidia que rodean a ciertos entes, de la autocomplacencia y la sonrisa dibujada por conveniencia. Comienza el viaje.

Entonces, ¿fuiste feliz para siempre como en los cuentos de alcoba a medianoche?

Fui y soy, pero no busco la felicidad, sólo el camino. 

copenhagen-black-and-white-jenny-hudson