Suiza

¿Qué sería de Suiza si dejara de ser neutral? ¿Qué sería de la risa si no fuera precedida de una sonrisa de complicidad? Tal vez, jamás quedaría el sabor de los días fugitivos cuando las horas muertas quedaban reflejadas en el fondo del estanque del Retiro. Tal vez, los besos furtivos serían perseguidos con saña e inclemencia si todos los cómplices decidieran hablar a la vez.

La pregunta, entonces, terminaría hablando por voz ajena y boca indistinta e indiferente. ¿Habríamos de dejar atrás los días en el paraíso terrenal que es nuestra amada zona de confort? ¿Deberíamos tomar partido por un bando definido en torno a la idea de repudiar a otros y hacerles desaparecer? A veces, Suiza se encuentra peligrosamente en el abismo. A veces, la neutralidad se torna insoportable cuando se sabe demasiado o se espera demasiado poco. Contradicciones de la vida, el amor es insípido en la amistad y la amistad, termina siendo ese pequeño gran regalo que significa que alguien cuida de nosotros de forma desinteresada.

El interés subyace en las miradas que se ciernen sobre ese último pedazo de carne que queda en el plato, como bestias cerniéndose sobre la presa a punto de morir de pánico y no de dolor. A veces, no se sabe lo que se espera. A veces, la esperanza desespera en pos de la arbitrariedad del azar que se cierne sobre las infelices horas del día cargado de invierno.

Incierto. Así es el futuro, el presente, la próxima hora con sus minutos. Irreverente. Así es la espera de lo inevitable, lo incontrolable, lo imposible. Sin embargo, lo importante camina sobre esa fina línea que nos define y a la que nosotros damos un significado. El egoísmo es la mayor muestra de amor hacia nosotros mismos mientras, el altruismo, parece significar la pérdida de uno mismo. Nada más lejos de la realidad, aunque ésta no sea sino una broma macabra o un cuento de ciencia ficción.

Por ello, de ahora en adelante, seré Suiza. Seré Suiza por la neutralidad ante los conflictos entre terceros, seré Suiza por la vitalidad de los días soleados cuando la nube amenaza con tragarse la tierra ante su imparable presencia, seré Suiza cuando el amor y el odio comiencen a acercar sus posiciones y se conviertan en extraños amantes.

Espera el latido de la tierra con la certeza de que ocupas el lugar que te corresponde, pues nada es tan gratificante como saber que los sueños son para los valientes y las medias palabras para los cobardes. Regresa al centro de la tierra con la esperanza de que el fuego sólo quema a los malditos y la bondad se une con el origen de una nueva realidad por reconstruir.

Suiza.

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Alguien me dijo

Alguien me dijo una vez que las burbujas se explotan fácilmente porque tienen poca tensión superficial. De igual forma, la gravedad nos empuja irremediablemente hacia el suelo y no se puede detener; nos fija a la tierra, nos ancla al mundo real de los frenazos en seco justo antes del semáforo que nos vuelve a impedir el paso, nos reta a llegar más y más alto y a despegar.

Y los globos rojos flotan en el cielo y se alejan poco a poco. Seguro que alguna vez quisisteis surcar el firmamento siendo apenas un diminuto depósito de helio, sin más carga que esa cuerda que antes os ataba a tierra, sin más dirección que el capricho del viento. Regresaremos a ese lugar donde se funden los sueños con las estrellas, volveremos a ser polvo de estrellas.

En el amparo de la noche, las ideas buscan desmayarse en la almohada a la espera del mejor momento para adentrarse en nuestra inconsciencia. Es de noche y podemos bailar si queremos, aunque a veces nos pisemos los pies. Es de noche y podemos ir hacia donde queramos, encontrando el lugar en el que podemos actuar como si viniéramos de este mundo. Es de noche y aunque el baile de máscaras ha comenzado, la piel sigue siendo un indicativo de humanidad y de fragilidad.

Los gatos callejeros hacen su guardia nocturna desde los tejados de la ciudad sombría. Los globos siguen su ascenso hacia el firmamento y se pierden de vista. Tiempo atrás, los felinos reconocían perfectamente cada alma alojada en los suburbios del cuerpo en Madrid. Pero los gatos se vuelven ariscos y los globos son tan frágiles que sólo una aguja se precisa para terminar con los pensamientos que se elevan.

Todos desearíamos mirar a nuestro lado y encontrar que, pase lo que pase, irá bien. A veces, es una persona en la que encuentras refugio. A veces, son las fotografías de tiempos infinitos que te trasladan al lado de los conocidos congelados para siempre en el negativo de esa vieja cámara analógica. A veces, es lo inesperado de reírte hasta que te duele la tripa por algo tan banal como elocuente.

Alguien me dijo una vez que las burbujas se explotan fácilmente porque tienen poca tensión superficial. Posiblemente no sabía el alcance de sus palabras, pero es algo tan real como la vida misma. Así, todos los días burbujas explotan a nuestro alrededor. Situaciones que te ponen al límite y sacan lo mejor de ti mismo, discusiones que se zanjan por resultar una estupidez, malentendidos que traducidos a mil idiomas suponen una torre de Babel que cae por empatía y por cansancio, esperanzas que se convierten en verdades absolutas al repetirlas en voz alta muchas veces.

Mientras, que la gravedad nos sostenga y nos ampare.

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