Imperfección

Mira, mírate. Mira la vida pasar. Eres tú, entre la quietud de la espada y la pared, pegada a la multitud de los días que corren en el calendario, pero que aguardan de alguna forma en tu corazón. Recrea ese reflejo en el espejo, espera esa extraña sensación de triunfo, entre la ira y la vanidad, entre la vergüenza y el fantasmagórico halo de misterio que te envuelve; vuelve a crecer.

Ser, sé. Sé quien quieres ser. Deja de abandonarte a la comodidad de esa perfecta zona de confort que te suplica que vuelvas cada vez que te dejas ir. Vuelve, vuelve a ese lugar perdido en el mundo, tal vez detrás de un escenario o en esa tranquila terraza desde la que se olvida Madrid, pero vuelve. Regresa hacia ninguna parte, olvida el pasado para afrontar el futuro y ponle una nueva sonrisa a tu cara, entre la desidia del pintalabios rojo olvidado sobre tu boca y la perfección de los dientes blancos que relucen como perlas.

Y así, piel. Piel, huesos, venas llenas de vitalidad y energía, sangre recorriendo cada entrañable terminación de tu cuerpo hasta hacerte ruborizar. Sí, esas mejillas sonrosadas y sofocadas por la velocidad del viento contra la cara, azoradas por esa cierta timidez que se esconde en tu interior pero que dejas escapar para recuperar el dominio de ti misma. Y así, ojos que miran, oídos que escuchan el más mínimo susurro, manos que evitan las palabras que la boca delata entre sorpresas, tempestad en el caminar y calma bajo el influjo de las horas fugaces.

Huir, huye. Elige un recuerdo o un pensamiento que te haga volar y llévalo contigo en el alma. No lleves un pesado equipaje, sólo regresa cuando dejes de observar tus huellas en la lejanía o pierdas el norte. Sobre todo, no lo pierdas, no te pierdas. Toma de tu mano a las personas que se caen a tu alrededor si ves valor en sus pupilas, cruza la delgada línea roja si el riesgo se convierte en pasión, echa de menos quién eras para evolucionar en quién eres pero jamás te detengas, jamás.

Y así, tú. Desnúdate, deja ver las imperfecciones que te recorren y te tatúan, observa las cicatrices de esa vez que caíste de la bicicleta en esa lejana infancia, siente el ardor de ese hipotético sol que ilumina ahora cada día tu ventana, desvela el escalofrío que te produce la incertidumbre, viaja a la locura que te hace volar. Y así, tú. Vulnerable, incierta, valiente, loca.

Imperfecta, diseñada con la arcilla que se modela y se transforma. Sin embargo, la noche llega y la oscuridad es ese velo que arropa por las noches y hace soñar. Imperfecta en los sueños de esa noche de verano, aliento del mar en la tormenta que estalla contra las rocas, silencio de esos labios que no dicen más de lo que deben, acción de esas manos que construyen sin destruir.

Imperfección.

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Líquido futuro

Líquido es el contenido de ese vaso que se encuentra medio lleno y reposa sobre esa mesa solitaria mientras nadie repara en su presencia. Líquido es el mar que se lleva sueños y promesas, aunque la grandeza de la corriente los devuelve a tierra firme. Líquida es la certidumbre en esta era de constante cambio que nos oprime y aprieta sin dejar un solo resquicio al azar, al valor o a la grandeza de ese ser humano que se reconstruye tras haberse autodestruido demasiadas veces.

Bauman consideraba la modernidad como un ente líquido, móvil, pero anclado una y otra vez en el mismo punto de partida por el miedo. Miedo a quedarnos fijos en una idea, a encontrar una solución definitiva a un problema, a vivir de nuevo que los sueños de los locos se terminan por convertir en pesadilla pues, las ilusiones, sólo traen consigo de alguna forma quiénes fuimos en un pasado no muy lejano, la imagen distorsionada por el paso del tiempo de nuestros rostros sombríos ante el espejo o la lánguida sensación de esa mano que brevemente recogía la tuya y desaparecía de repente.

Posiblemente, Bauman quería expresar el temor a quedar estancado, pero posiblemente su intención fuera meramente descriptiva de una sociedad aparentemente llena y materialista, pero vacía y temerosa de perder todas las ganancias y bienes. Como un vaso lleno de agua y estático sobre esa mesa solitaria, el agua a la más mínima irrupción cambiaría de nuevo regalándonos un nuevo reflejo, un cambio repentino en el guión de la película de nuestra vida, un improvisado viraje en la dirección del viento. Así, nos convertimos en seres cambiantes y no cambiados o transformados por nuestras propias ideas, ilusiones y ambiciones.

¿Qué sería de esa modernidad líquida si ese vaso se quedara vacío o quedara congelado por el helador invierno? Posiblemente, sería la salvación o, al menos, esa nota de advertencia para unos ciudadanos arrastrados por el agua pero sujetos al fondo por ese ancla. Y seríamos una nueva civilización dispuesta a modificar realmente nuestro sino, pues aunque móviles y libres, las decisiones serían nuestras y no dispuestas por otros.

El amor líquido es una balsa en medio del océano. Vibrante y llamativa, pero traicionera y peligrosa, pues rara vez llega a la orilla y cuando lo consigue, termina por estrellarse contra las rocas. El amor líquido es la realidad al otro lado del espejo donde la idea de amor, libertad y sueño se ve confundida por esos viejos clásicos en blanco y negro; sin voz, sin voto, sin opinión. ¿Y si contradijéramos a Bauman y concentráramos nuestros esfuerzos en dejar de mirar y hacer algo al respecto?

Apenas miles de millones de almas pueblan este condenado planeta; cientos de manos que pueden unirse, pueden crear, pueden fabricar realidades a partir de ilusiones, pueden dar voz a las ideas. Apenas se necesitan esas brillantes mentes jóvenes e inquietas, necesario recambio para los constructores de nuestra historia.

El vaso lleno de agua en la solitaria mesa cayó. Ahora en el agua navega la realidad hasta su próximo puerto.

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Un nuevo giro al sol

Posiblemente, haya muy pocas cosas de las que podamos estar seguros. Sin embargo, siempre amanece, las estaciones invaden nuestro calendario año tras año y los propósitos se añaden a nuestra lista mental conforme avanzamos en nuestro camino. Así, pasamos por los años y los años terminan pasando por nosotros en un equilibrio mezcla de alegría y desolación, pues somos caóticos y nuestra esencia llama al desorden.

Tras más de trescientos días, volvemos a encontrarnos en el mismo punto frente al sol, aunque ya no somos los mismos. Hemos despertado cada mañana frente a una taza de café, nos hemos preguntado el porqué de nuestra existencia, hemos resuelto imposibles rompecabezas mientras envejecíamos, nos hemos ilusionado y desilusionado una y otra vez, hemos escudriñado el futuro con una mezcla de asombro y esperanza, nos hemos enamorado de los atardeceres anaranjados del cálido verano y de los amarillentos árboles del otoño, hemos descubierto que las sombras son alargadas y ahora cubren cada vez más el mundo en el que vivimos y, por qué no, hemos llegado a la conclusión de que no hay conclusión posible en nuestros sueños y aspiraciones.

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¿Por qué? ¿Por qué vivimos pendientes del reloj o las noticias cuando somos incapaces de contar instantes o enfrentarnos a la vil realidad? ¿Por qué pretendemos ser quien no somos mientras solo conseguimos intoxicarnos de superficialidad y ficción? ¿Por qué nos preocupamos de lo que ocurre a miles de kilómetros cuando no resolvemos los problemas que se encuentran a escasos metros de nosotros? La hostilidad de estas palabras responden a la necesidad de reflexión de estos primeros días de enero, mientras se sueña con un buen año y se termina de etiquetar los años anteriores con un escueto “bueno” o “malo”. Creo que deberíamos intentar comprender la magnitud de nuestras quejas antes de forjar un juicio de valor tan duro como excesivo en muchas de las ocasiones, pues seguimos contando los días en vez de hacer que los días cuenten.

Un nuevo giro al sol ha llegado para el planeta Aciago, también conocido como Tierra. Un nuevo giro al sol en el que cientos de países lo celebran consumiendo a toda costa mientras otros apenas tienen para comer, donde las máquinas parecen pensar mientras los cerebros se atrofian, donde las bombas siguen cayendo sobre Alepo y aún nos preguntamos si la amenaza es o no real, donde el populismo muestra su verdadera cara y la mayoría de la población sólo sigue discutiendo sobre fútbol, donde el engaño puebla cada minuto de nuestro tiempo y solo tomando la pastilla roja en Matrix puede salvarnos.

Un nuevo giro al sol comienza, donde el destino y la predestinación no existen y solo nosotros podemos escribir las páginas en blanco. Un nuevo giro al sol que no será bueno o malo, no será el resultado de nuestras quejas, decepciones o desilusiones, sino el balance de nuestras acciones, ideas, esfuerzo, trabajo y sueños. Ahora, elijamos entre si queremos soñar despiertos o despertar soñando, pues la realidad cambia completamente.

Un nuevo giro al sol ha empezado otra vez.

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